Esa noche iba a ser como una de esas pocas en el año. Oscura, fría y de tormenta. En las que cuesta avanzar por la nieve. De aquéllas en que uno siente esa desagradable sensación de calor por dentro, con la transpiración recorriendo la espalda y por otro lado el frío calando los huesos de las manos y congelando la cara y los pelos de la nariz.
Los 4 kilómetros que separaban al campamento de la base, esa noche parecerían muchos más. Lo mismo que el tiempo que tomaría hacer el recorrido.
Eran mínimo 3 horas. De haber podido, ese viaje no se hubiera realizado esa noche, pero no había opción.
Los hombres prepararon la carga lo más rápido que pudieron. Una mirada en silencio fue lo único que puso la pausa antes de iniciar el viaje.
Fred avanzaba lo más rápido que podía, mirando de reojo a sus compañeros. Se dio cuenta que a los otros también les costaba avanzar. El jadeaba y sentía que se enterraba en la nieve, haciendo aun más dificultoso el avanzar.
Lo ocurrido minutos antes había sido terrible. Fred escuchó los gritos de Rose y corrió de inmediato a ver que sucedía, pero cuando se acercaba John y Matt ya la atendían. Había sufrido una caída y al parecer se había fracturado la pierna izquierda, pero eso no era lo peor, ya que al desplomarse un fierro había provocado una herida profunda en su abdomen y al parecer había ruptura de peritoneo.
Rose se retorcía en el suelo y estaba perdiendo una gran cantidad de sangre. John y Matt estaban bien entrenados e hicieron una correcta aplicación de los primeros auxilios de rigor. Pero ellos sabían que debían regresar a la base, la vida de la mujer dependía de ello.
John iba muy molesto, se odiaba a sí mismo. Recordaba las palabras de Maggie; "No quiero que la lleves, es mejor que me acompañe a casa de mamá". Pero él se había empecinado en que Rose, su hija, iría con él en ese viaje de investigación. Ahora se lamentaba de aquello. Según sus cálculos llegar a la base, no les tomaría menos de dos o tres horas y allí ni siquiera sabían del accidente, ya que habían perdido comunicación. John avanzaba con la cabeza gacha, odiándose a sí mismo.
- ¿Rose, cómo te sientes?- preguntó Fred
- Bien, aunque hace poco tenía dificultad para respirar, pero ya estoy bien. Pero a ti te veo cansado.
- John se ha adelantado mucho, es difícil verlo a esta distancia pero
el ruido de sus pasos permite que lo sigamos, sin mayores dificultades
- Parece que llora
- Sí, puede ser
- Tiene rabia
- Por supuesto, obvio que así es
- Siento que avanza más lento, así le daremos alcance en pocos minutos- agregó Rose
- Se detuvo, creo que regresará
- ¿Fred, por qué durante estos días, desde que llegamos no me habías dicho nada?
- Porque no podía, Rose.
John se había detenido, sus ideas eran un torbelllino. Sintió que debía regresar. Lo hizo lo más rápido que pudo. Fred y Rose lo vieron acercarse.
- Fred. Ahí viene.
- Sí. Lo veo.
- Su cara está desfigurada, está tiritando.
- Lo veo.
John, miró a Rose y no dudó acerca de lo que haría.
- ¡No!- exclamó Rose- pero qué estás haciendo- ¡No!
- Rose, déjalo. No hay ningún problema.
- Pero Fred, ¿cómo me puedes decir eso?
- Rose, para él tú eres lo más importante y daría su vida por ti y ahora está haciendo lo único que puede hacer.
- Pero por qué te pega y grita de esa manera.
Fred, estás sangrando!
- Porque cree que así nosotros correremos, remolcándote más rápido ¿Acaso no lo entiendes, Rose? John cree que te salvará.
- Pero salvar de qué, si yo estoy bien.
Fred ya no podía más, sus patas se doblaban y John seguía dando latigazos en su espinazo.
- ¡Más rápido, perros mal
ditos, más rápido!
Fred ya no resistió. Simplemente cayó rendido.
John se desesperó, fue hacia la parte trasera. Matt acompañaba a Rose, ella aparentemente dormía con una sonrisa suave en su rostro.
- ¿Fred y tú cómo te sientes?
- Bien también, Rose. Hasta hace poco me costaba respirar.
Eran mínimo 3 horas. De haber podido, ese viaje no se hubiera realizado esa noche, pero no había opción.
Los hombres prepararon la carga lo más rápido que pudieron. Una mirada en silencio fue lo único que puso la pausa antes de iniciar el viaje.
Fred avanzaba lo más rápido que podía, mirando de reojo a sus compañeros. Se dio cuenta que a los otros también les costaba avanzar. El jadeaba y sentía que se enterraba en la nieve, haciendo aun más dificultoso el avanzar.
Lo ocurrido minutos antes había sido terrible. Fred escuchó los gritos de Rose y corrió de inmediato a ver que sucedía, pero cuando se acercaba John y Matt ya la atendían. Había sufrido una caída y al parecer se había fracturado la pierna izquierda, pero eso no era lo peor, ya que al desplomarse un fierro había provocado una herida profunda en su abdomen y al parecer había ruptura de peritoneo.
Rose se retorcía en el suelo y estaba perdiendo una gran cantidad de sangre. John y Matt estaban bien entrenados e hicieron una correcta aplicación de los primeros auxilios de rigor. Pero ellos sabían que debían regresar a la base, la vida de la mujer dependía de ello.
John iba muy molesto, se odiaba a sí mismo. Recordaba las palabras de Maggie; "No quiero que la lleves, es mejor que me acompañe a casa de mamá". Pero él se había empecinado en que Rose, su hija, iría con él en ese viaje de investigación. Ahora se lamentaba de aquello. Según sus cálculos llegar a la base, no les tomaría menos de dos o tres horas y allí ni siquiera sabían del accidente, ya que habían perdido comunicación. John avanzaba con la cabeza gacha, odiándose a sí mismo.
- ¿Rose, cómo te sientes?- preguntó Fred
- Bien, aunque hace poco tenía dificultad para respirar, pero ya estoy bien. Pero a ti te veo cansado.
- John se ha adelantado mucho, es difícil verlo a esta distancia pero
el ruido de sus pasos permite que lo sigamos, sin mayores dificultades- Parece que llora
- Sí, puede ser
- Tiene rabia
- Por supuesto, obvio que así es
- Siento que avanza más lento, así le daremos alcance en pocos minutos- agregó Rose
- Se detuvo, creo que regresará
- ¿Fred, por qué durante estos días, desde que llegamos no me habías dicho nada?
- Porque no podía, Rose.
John se había detenido, sus ideas eran un torbelllino. Sintió que debía regresar. Lo hizo lo más rápido que pudo. Fred y Rose lo vieron acercarse.
- Fred. Ahí viene.
- Sí. Lo veo.
- Su cara está desfigurada, está tiritando.
- Lo veo.
John, miró a Rose y no dudó acerca de lo que haría.
- ¡No!- exclamó Rose- pero qué estás haciendo- ¡No!
- Rose, déjalo. No hay ningún problema.
- Pero Fred, ¿cómo me puedes decir eso?
- Rose, para él tú eres lo más importante y daría su vida por ti y ahora está haciendo lo único que puede hacer.
- Pero por qué te pega y grita de esa manera.
Fred, estás sangrando!
- Porque cree que así nosotros correremos, remolcándote más rápido ¿Acaso no lo entiendes, Rose? John cree que te salvará.
- Pero salvar de qué, si yo estoy bien.
Fred ya no podía más, sus patas se doblaban y John seguía dando latigazos en su espinazo.
- ¡Más rápido, perros mal
ditos, más rápido!Fred ya no resistió. Simplemente cayó rendido.
John se desesperó, fue hacia la parte trasera. Matt acompañaba a Rose, ella aparentemente dormía con una sonrisa suave en su rostro.
- ¿Fred y tú cómo te sientes?
- Bien también, Rose. Hasta hace poco me costaba respirar.
