EL LEGADO

" Mi proyecto de titulación está dedicado a la memoria de José, mi padre, mi ejemplo a seguir por toda la vida, y a Dios por haberme permitido ser su hijo".

José se preparaba a disfrutar de un buen trozo de carne con puré y ensalada. La comida de ese lugar le gustaba mucho y como en este día, no le molestaba en lo más mínimo comer solo. Ese día estaba nublado, hacía frío y en ese restaurante no había calefacción, lo que obligó a José a almorzar con casaca. Como siempre en el televisor daban noticias y todos los presentes estaban muy atentos, porque justo pasaban los últimos resultados del fútbol. José miraba el televisor, pero en realidad no ponía atención en lo más mínimo a las imágenes ni al sonido de la tele.
- ¿Qué va a almorzar?
La voz de la mesera lo devolvió violentamente a la mesa, José la miró con cara de susto y se apresuró a pedir asado a la cacerola con puré y ensalada, luego volvió la mirada al televisor, pero nuevamente fue obligado a contestar la segunda pregunta de la mujer.
- Cerveza- fue la respuesta.
Unos minutos más tarde ya con el plato en la mesa, José bebía lentamente su cerveza, en tanto su mente divagaba. Iba y venía. Algunos recuerdos, algunas decisiones por tomar se sucedían ocupando el primer plano de manera sucesiva la concentración de José.
José fumaba, pero estaba en campaña para dejar de fumar o fumar menos, de esta manera decidió que como primer paso empezaría fumando la misma cantidad de cigarillos al día, pero que ahora fumaría sólo medio cigarrillo cada vez, convencido que el éxito de este método. Para él el tema estaba zanjado y así lo haría.
Luego recordó una ocasión cuando Fernandito, su hijo mayor, tenía apenas dos meses. Fue en invierno. En ese entonces José y Nancy eran vecinos de sus papás. José había llegado tarde y para él ese no era un buen día, había tenido una fuerte discusión en la oficina.
Nancy lo saludó desde el dormitorio y le dijo que se calentara la comida en el microondas, porque ella estaba cambiando pañales a Fernandito.
José calentó la comida y comenzó a comer de manera un poco grotesca, estaba tan molesto que literalmente tragaba sin masticar. Nancy salió del dormitorio con cara de evidente preocupación le dijo que no sabía que le pasaba al bebé, pero que había estado llorando todo el día, que tenía fiebre y no quería comer.
- Ah- fue el único comentario de José.
- Por mí lo llevaría al médico, de verdad que no lo veo bien.
- Déjalo así, si los niños son más firmes que nosotros, no le pasará nada- agregó José con la intención de calmar a Nancy. En ese instante Fernandito comenzó a llorar y Nancy se devolvió al dormitorio corriendo. José se sentó en el sofá y retomó la lectura de un libro que estaba por terminar.
- ¡Puedes hacerlo callar, que no puedo concentrarme!
- Ya te dije que algo le pasa, está enfermo.
José no dijo nada y volvió a su lectura. Los minutos pasaban y Fernandito no paraba el llanto. Nancy trataba de calmarlo meciéndolo en los brazos, pero nada resultaba.
- ¿Sabes? Iré a buscar a tu mamá porque parece que para ti es más importante seguir leyendo tu cagá de libro antes que tu hijo- gritó Nancy, dejando a Fernandito en los brazos de José.
José se vio solo con el niño llorando en sus brazos y por más que hiciera, tampoco lograba calmarlo. Habrán pasado unos tres minutos, que para José parecieron una eternidad y sentía que la cosa iba de mal en peor. En un momento sin tener mucha claridad de lo que hacía, dejó a Fernandito en el sofá y le propinó tres fuertes palmetazos en la cara, que no hicieron otra cosa que provocar que la guauga se retorciera, incrementando aun más la intensidad de su llanto. Consciente de su error, José volvió a tomarlo en brazos y lo besó en repetidas ocasiones, acariciándolo en la frente y susurrándole al oído "Feñita ¿qué te pasa hijo, porqué estás enfermito, sabes tú cuánto te quiero?". Lo estrechaba fuertemente contra su pecho. De pronto Fernandito cesó el llanto. José se alegró, pero para su pesar, el bebé comenzaba con convulsiones. José estaba desesperado, había entrado en pánico y sabía que esto era algo más complicado de lo que pareció al comienzo.
La madre de José entró con Nancy y los tres decidieron llevar a Fernandito al hospital de inmediato. José manejó lo más rápido que pudo. Dos horas más tarde, les entregaron el diagnóstico: meningitis.
Fernandito pasó casi un mes hospitalizado, pero al final salió bien de todo y no existieron secuelas. Ahora ya tenía 22 años y estaba a punto de titularse de arquitecto, como su padre.
¿Le traigo la cuenta?
- Por favor
José pagó y dejó quinientos pesos de propina. Salió del restaurante caminando con la cabeza gacha. Atravesó la calle sin detenerse y sin siquiera alcanzar a percatarse fue violentamente arrollado por un vehículo que se pasó el disco pare, falleciendo dos horas más tarde producto de un edema cerebral agudo.

- Mamá, yo sé que él esté donde esté, nos cuidará como siempre lo ha hecho, fue el mejor papá del mundo.
- Ay, Feñita ¿Porqué Dios se lleva a las personas buenas de este mundo?

Ambos se abrazaron fuertemente. Ella ya sin poder contenerse, besó la cara de su hijo, sintiendo de inmediato la humedad de las lágrimas de él empapándole la mejilla.