“Texto encriptado hallado en una cápsula del tiempo, probablemente de origen terrestre”
Amiga:
Estamos lejos, talvez más que nunca. Acá, en mi mundo las cosas no van bien. Me es difícil entender qué es lo que pasa. Me parte el alma ver el tiempo pasar y saber que no es mucho lo que se puede hacer. Te he perdido el rastro,
ya ni sé si nuestra distancia espacio-temporal ha separado nuestra realidad biológica. ¿Serás aun esa mujer juguetona de la me despedí en el hangar con un beso en la mano o ya habrás vuelto a la eternidad? No lo sé, pero sí me gustaría que ahora estuvieras acá, a mi lado.
Por años he tratado de encontrarte sin éxito. Los años no han pasado en vano, mis músculos así lo sienten, mis pulmones así lo sienten, hasta mis ojos lo sienten.
¿Sabes amiga? Muchas veces he creído que te hallaría, he sentido que he estado a punto.
Una vez estando en la Colonia GHX33, la cuarta en la Luna, le pregunté a un viajero de Fobos si había oído hablar de ti y él me respondió que le sonaba tu nombre, pero al final era un mal entendido.
En otra ocasión hubo un accidente muy desastroso en una de las estaciones espaciales de Europa, y en la lista de desaparecidos venía alguien con tu mismo nombre. Resultó ser sólo un alcance de nombres. Y así hubo muchas otras ocasiones en que cuando ya creí tener algo, casi la instante se me esfumaba de las manos.
Me miro al espejo y no sé si te gustaría ver como estoy. Hace quince años sufrí la pérdida de mi brazo y ojo izquierdos. Fue en una misión inspectiva en Mercurio. Extraíamos muestras de minerales y luego de una explosión, algunas esquirlas me alcanzaron. Afortunadamente sobreviví y prácticamente me reconstruyeron. La verdad es que no me agrada como me veo, pero los médicos se vanaglorian de la funcionalidad de mis prótesis mecánicas bioimplantadas.
Hasta hace poco estaba resignado, a haber perdido el contacto para siempre contigo, pero me convencí que no y compré los derechos de orbitación de dispositivos inertes en el satélite SKY-JKX. Con esto puedo poner 2 Kilogramos en órbita. Y he decidido escribir estas pocas líneas. Si alguna vez lo recibes, la clave tú la sabrás. Es sólo para ti.
Acá hice mi vida. Terminé viviendo en una base antártica de nombre “Esperanza”. Tuve hijos. Si algún día llegaras a recibir este mensaje, te dejo la dirección 193.111.102.03. Ellos son. Ahí está parte de mi vida también.
Seguí tus consejos y al final me incorporé a la Agencia Internacional de Exploración Espacial, pero más que nada fue con la esperanza que desde ahí te podría encontrar algún día.
Ya sé que no fue así. Ya sé que mi tiempo acá pronto llegará a su fin y no quería dejar de escribirte esto.
Sé que si esto llegara alguna vez a tus manos yo ya no estaré. Pero hoy, un día de noviembre de 2142, alguien en la Antártica te recuerda mucho.
Aunque debo confesar que cuando niño te odié, no te comprendí, pensé que me habías abandonado en el peor momento. Sólo el paso del tiempo me ha dado la serenidad para comprender el porqué de tu actuar.
Adiós, amiga y gracias por tu entrega incondicional.
DMO.
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La mujer acaba de introducir la palabra David y el texto se desplegaba frente sus ojos. Lo leyó dos o tres veces. Visitó la dirección que él le había dejado. La información aun estaba disponible. Se emocionó. Para ella resultó impactante que con todas las probabilidades en contra, esa cápsula llegara precisamente a sus manos.
- Capitán, ¿cuál es la fecha, el año del sistema solar?
- 2322, Almirante
- Gracias, Capitán
- ¿Estamos cerca de la Tierra?
- Sí, Almirante, de hecho es visible desde el ala izquierda. ¿Ve?
- Sí, Capitán. Gracias.
La mujer movilizó su sillón hacia la ventana izquierda más cercana y observó como el Planeta se alejaba lentamente.
- “David. Eras tú o yo, hijo. Con diez años no te podría haber enviado al espacio”
- ¿Qué dijo, Almirante?
- Nada, hablaba a un viejo amigo. Nada.
- Almirante. Usted no tiene amigos.
- Es verdad, Capitán.....Ya no.
- ¿Qué dijo, Almirante?
- Nada, hablaba a un viejo amigo. Nada.
- Almirante. Usted no tiene amigos.
- Es verdad, Capitán.....Ya no.
La mujer recordó el momento en que debió abandonar la Tierra, para ella fue terrible. En algunas familias como en el caso de la de ella, algunos miembros permanecerían en el planeta y otros debían irse obligatoriamente. Para ella fue una decisión compleja. El padre de David había muerto en un accidente antes que él naciera. Le dieron sólo dos meses antes de irse. Ella los dedicó por completo a David. Pero sólo le dijo que se separarían dos días antes de su partida. Fue entonces cuando le hizo prometer que ingresaría a la Agencia de Exploración Espacial.
Cuando ella salió de la Tierra, al igual que David siempre quiso volver a reunirse con él, pero para ella estaba prohibido volver a la Tierra. Su esperanza era que David ingresara a la Agencia y que abandonara el planeta. Pero eso nunca sucedió. Periódicamente ella hacía averiguaciones y nunca llegó a saber que fue de su hijo.
Lamentablemente ella debió dejar a David a cargo del gobierno, porque no tenía más familiares cercanos. La decisión de ser ella quien partió siempre le provocó angustia. En algunas ocasiones se sorprendía a sí misma pensando en que estaría sucediendo si madre e hijo estuvieran juntos.
Y ahora, aparecer este mensaje. Justo ahora. Tenía sentimiento encontrados. Por un lado felicidad de tener noticias al fin.
David había optado por permanecer en el planeta y ser uno entre la multitud. Un hombre que había llevado una vida quitada de bulla. Alguien que prefirió formar una familia, vivir el máximo al lado de sus hijos. Alguien que disfrutó los pequeños momentos agradables de la vida. Alguien a quien, talvez lo único que le faltó, fue haber demostrado a aquella mujer que le dejó siendo un niño que él también fue capaz de mirar a la vida de frente, con todos los buenos y malos momentos.
Posiblemente dejó pasar muchas oportunidades. El nunca se incorporó a misiones de renombre, como el caso de la Misión Próxima Centauri, como lo había hecho Marcela, su madre, cuando abandonó el planeta con destino a Marte.

Marcela se acariciaba una oreja medio cubierta por su larga y rubia cabellera, mientras sus grandes ojos azules penetraban el abismo que rodeaba a la nave. Imaginó que encontraba la piedra filosofal moderna. Hubiera querido encontrar la forma de retroceder ese tiempo y volver a estar al lado de David para verlo crecer, verlo convertirse en ese hombre que fue. Aquél que esa cápsula volvía a poner frente a su vista.
- ¡Capitán, preparen el salto!
- A la orden, Almirante.
La nave aceleró. En segundos entraría al hiper-espacio, el tiempo sería nuevamente un juguete y una amargura eterna ahogaría la garganta de Marcela.
