Llevas días rondándome, te he sentido más cerca que lo normal. Pero hoy particularmente, tu olor no me ha gustado, tu cara no me ha gustado. Pensar que normalmente tú no me importas, normalmente te ignoro, para mí es como saber que existes, pero no me interesas. Pero hoy tu presencia me ha turbado. Hoy no me ha gustado la manera como me miraste, ni como te reíste, ni como tus dedos jugaron con mis cabellos. Me hiciste recordar lo que soy, por más esfuerzos que he hecho, hoy me queda claro que no me sirven de nada. Sentí la derrota en mí, sentí como me he embarcado en un viaje sin sentido. Pero cómo he podido seguir con esto, por todos estos años. Cuando he podido desviar la vista, sólo veo esos rostros vacíos, escucho esos gritos ensordecedores golpeando mis tímpanos, siento ese desagradable hormigueo recorriéndome, alcanzando mi garganta y provocando esas ganas de vomitar, de mandar todo a la misma mierda.
Estoy en un lugar desierto, sin árboles, sin luz, siendo infinitamente pequeño, sin poder tomar ningún rumbo. Hace frío y no me importa, me río de todo y de todos, me río de mi mismo, pero con eso no logro sentirme mejor. Respiras cerca de mi oído, sé que estás esperando, total, para ti es sólo cosa de tiempo. En ocasiones te he sentido alguien cercano, hasta he creído que te necesito, pero en otros como hoy, te odio con todas mis ganas, no soporto tus manos, ni tus huesos. Pero también sabía que hoy abrirías tus alas y te alejarías sin dejar de fijar tu mirada en mí y que sentiría el maldito ruido de esa risa burlona alejarse hasta extinguirse.
No sé cuando volverás. Ojalá en ese momento sea yo quien te invite. Cuando sea divertido oír mi cuento y partir para mí tenga algún sentido. Entonces sí será el momento. Pero por más que yo lo quiera así, no pasa de ser más que un simple deseo.
