DE LO QUE HE SIDO Y YA NO SOY, PERO..........

Para quienes no lo sepan, yo crecí en un pequeño pueblito del sur, muy cercano a Chillán. Mis papás eran profesores primarios, ambos normalistas. En ese tiempo en las escuelas normales se preparaba a los profesores de enseñanza básica, era eqivalente a estudiar los 6 años de Humanidades y quedabas titulado de profe. En ese entonces esto era gratis, ahora ya no existen las escuelas normales y la educación tampoco es gratis.
Pero les contaba de mi pueblecito.
Hasta que yo cumplí 14, vivíamos en una población de emergencia que se construyó después del terremoto del 39 y que era conocida como "Los Pabellones", que quedaba al lado del Hospital, de la principal escuela (Escuela Consolidada de Experimentación, cáchense el nombrecito) y también de la cárcel. Por suerte el cementerio quedaba más lejos. Ni tan lejos tampoco, porque mi pueblito era casi como el planeta del "El Principito", sólo de 4 kilómetros cuadrados de superficie, nada podía quedar más lejos que dieciseis cuadras.
Mis primeras experiencias "multimedia" van de la mano de una radio a tubos, marca Telefunken, que de paso, les cuento que todavía funciona y luego mi papá se matriculó con un televisor Bolocco, de 14 pulgadas, eso cuando yo tenía unos 5 años (eso por el año 1973). Me acuerdo que cuando llegó la tele, nos hicimos repopulares en la cuadra y los niños iban a mirar por las ventanas, la programación del único canal que se podía ver allí, que era Televisión Nacional.
En la radio, siempre me despertaba un programa que se llamaba "Vamos Arando" en la Radio El Sembrador, en la que el locutor decía "Buenos días...Rucapequén, buenos días Quinchamalí...buenos días Nahueltoro, un saludo desde Chillán al hombre que día a día sale a labrar, gracias por permitir que los frutos surjan de esta tierra y lleguen a nuestra mesa...Vamos arando". También escuchaba La Radio Chilena, La Discusión, Cooperativa, todas en AM. En onda corta se escuchaba la Radio Moscú, proscrita por ese entonces.
Nuestros juegos eran muy simples. Jugábamos al luche, a las polcas, a los tres hoyitos (con bolos de rodamientos de acero), a mi tía, al caballito de bronce, a la escondida, a la pelota (imagínense que un sábado lo hicimos con "Ñublense", la actual "longaniza mecánica"). También organizábamos partidos con los presos en la cárcel y un gendarme era el árbitro, un par de veces tanbién fuimos a jugar al tejo con los presos. Muchos de ellos trabajaban en artesanía en mimbre. En una ocasión, en un partido uno de los presos, accidentalmente le hizo una "plancha" a nuestro arquero, con tan mala suerte que se la hizo en la cara y el árbitro no halló nada mejor que cobrar penal, pero al otro lado.....
En otras salíamos a cazar abejas en una botella con arena, la gracia era cazarlas con la mano y sabíamos distinguir a los zánganos, que no pican. También cazábamos lagartijas con un sistema de horca armada con el tallo de una planta (soy malo en botánica, no sabía, ni sé cual era), ganaba el que cazaba más lagartijas "calipsas" o de cola doble. También salíamos a cazar tórtolas con rifle a postón, o a bañarnos en algún canal cercano. Eran otros tiempos, ahora que escribo, me veo de nuevo junto a mis amigos de infancia, pasándonos por la reja del vecino a robar melones, tomates o sandías.
La Escuela del frente de mi casa, luego pasó a llamarse Liceo Politécnico A N°4 Capitán Ignacio Carrera Pinto, ahí entré a kinder y salí de cuarto medio. Como todavía era posible, porque no había legislación alguna que lo prohibiera, se estilaba "adelantar" a los niños de curso, a mi me tocó la suerte de no hacer el cuarto básico.
Para que ustedes tengan una idea del nivel de la educación que recibíamos en ese colegio, sólo les contaré que existían unos 20 cuartos (entre humanístico-científico, secretariado, comercial e industrial), todo esto porque mi pueblecito era una verdadera Metrópolis para los poblados rurales cercanos (San Gregorio, Agua Buena, Buli, Ñiquén, entre los que recuerdo). Yo estaba en el Cuarto A. De todos los cuartos, cuando nos tocó dar la Prueba de Aptitud Académica (ex PSU), calculen que eran unos 700 alumnos egresados de cuarto, y sólo 5 quedaron en la Universidad.
Mis papás no tenían auto, así que para mi nunca ha sido un problema caminar, de hecho, me encanta hacerlo y acostumbro recorrer los suburbios de los lugares que recién conozco, al igual que su iglesia principal y su cementerio. Tampoco nunca he tenido problema con adaptarme a cualquier ambiente, ni a comer pan con margarina o sin ella, cuando es necesario. Cerca de mi pueblecito está San Fabián, donde nació Violeta Parra, allí crían chivos y te cambiaban uno por un pan de levadura grande (LEFERSA), era la papa conseguirlos. Sólo un dato, el poema "Hay un Día Feliz" de Nicanor Parra, está imspirado en mi pueblito pero unos 40 años antes que yo naciera.
En los veranos, íbamos a ua playa relativamente cercana a Tomé, de nombre Dichato. Lo bonito era que viájabamos en un tren ramal que salía de Chillán y llegaba a Concepción, pero por el interior. La gracia era que no era eléctrico, sino a carbón. Y paraba como en 15 lugares, tales como Confluencia, Nueva Aldea (donde ahora hay una planta de CELCO) y otros cuyo nombre ya no recuerdo. En el tren había muchos vendedores institucionales que ofrecían "malta-pirsen-bebidas", pastillas, "sánguches de jamón-parta", cortauñas, revistas. Y en cada estación venía un inspector con un sacabocados que pedía el pasaje, que era de cartón de color gris, y le hacía un hueco al costado. Al final uno se bajaba con el boleto todo piqueteado.
En la playa nos divertíamos haciendo "planetas" que eran una bolas de arena del tamaño de la cabeza. De paso, les cuento que los "planetas" no se pueden hacer en cualquier playa, sólo en las que el oleaje es suave, porque ahí la arena es lo suficientemente fina. Por ejemplo en Viña o Reñaca, no se puede.
Lean algunos de los sobrenombres de mis amigos; estaba el Peteca, el Paporra, el Cara de Hacha, el Malo, el Papá Chico, el Mono, el Caticho, el Pollo, el Ojo de Vaca, los Cautines, los Platos Bajos, el Trica, el Cotolín, el Quelo y el Juancho. A mi me decían el Neno y a mi hermano el Machito.
Una vez pasó una talla rebuena, que siempre que la cuento todos se ríen, al escribirla no sé si ocurrirá lo mismo.
Resulta que en la esquina de mi casa, a escasos metros de la cárcel, el papa del Mono tenía un negocio y acostumbrábamos a pararnos afuera a gastar el tiempo tirando la talla o fumando. En una ocasión estábamos de ociosos y justo sacaban cajas de OMO del negocio, entonces el Pollo le pidió una al Mono, quien no dudó en regalársela. Acto seguido el Pollo le hizo un orificio rectangular por un lado, con un cuchillo, y se la puso sobre su cabeza, al más puro estilo "Preguntón" de la "Tía Patricia", dejando ver sólo su cara y empezó a gritar "Señoras y Señores; a continuación veremos la transmisión del partido en la televisón en blanco y negro". Para su mala pata, en la vereda del frente iba un sociate unos 5 años mayor que nosotros (de unos 17 años, calculo), que no se destacaba, precisamente, por su aspecto anglo-sajón. Al escuchar los gritos del Pollo, no dudó ni un instante. Atravesó la calle corriendo y le dijo "Como que negro conchetumadre, huevón de mierda", mientras le daba una feroz pateadura, acompañada de los correspondientes cornetes. El pobre Pollo no alcanzó a decir nada, porque el Lalo (así se llamaba el ofendido) parecía un torbellino y no alcanzamos ni a ver como llegó ni como se fue.
De mis amigos de infancia, no he visto a ninguno desde que me fui a estudiar a la Universidad el año 86 (estuve entre los 5 afortunados de mi generación), pero he sabido que el Pollo tiene un taller de soldadura continuando con lo que hacía su papá, el Caticho atiende en un kiosko de diarios afuera de su casa, el Trica (hermano menor del Caticho) lamentablemente falleció electrocutado, el Malo no hace nada (es sordomudo), el Juancho le ayuda en el negocio a su hermana Margarita. De los demás, no sé nada.
En mi mente se mantienen sus mismos rostros, sus mismas actitudes, sus mismas bromas y algería.